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Vigésimo primera noche

Vigésimo primera noche: una alarma.

Hoy miércoles la abuela les da la cena e inicia el rito de irse a dormir. Yo llego a las 10:00 a casa, termino de poner pijamas, compruebo que hacen pipí... David se ha puesto el cinturón solito sin que nadie se lo pida. Andan muy revoltosos. Daniel se duerme primero a las 10:30 (muy tarde, pero bueno, hoy se ha roto la rutina), Natalia cae diez minutos después y a David me lo dejo despierto a las once. Me salgo de la habitación porque a mamá le queda aún trabajo en casa, así que no sé a qué hora se duerme exactamente.  A las 3:45 suena la alarma. Como viene siendo habitual, me pilla a mí en la cama de al lado con su hermana.  Enseguida llega el padre. David apaga la alarma bastante rápido, pero se le escapa bastante pipí, llegando a mojar la cama, lo cual creo que provoca el cabreo que pilla. Cuando se niega a ir al baño, yo ya me echo a temblar, pues sinceramente no me apetece nada volver a repetir tooooda la retaila de cada noche. No obstante, me armo de paciencia y lo intento: "David, no demos marcha atrás porfi. Entiendo que te hayas enfadado porque te hayas mojado un poquito, pero es normal. Forma parte del proceso, ahora bien si dejamos de ir al baño entonces ya no seguimos las normas: ¡no podremos rascar casilla!" Tercamente responde que no, que no tiene ganas de ir al baño. Se sube a la litera. Lo llamamos y le decimos que baje. Su padre intenta hacerle saber que todos necesitamos descansar: "David, por favor, ve a hacer pipi. Todos necesitamos descansar, hazlo por mí, papá se tiene que levantar a las seis y me quedan dos horas para dormir" pero nada, que no,que no quiere... Le pregunto que por qué. Y de primeras me dice que "porque no". Luego empieza a reconocer que se ha enfadado porque se ha mojado mucho. Al padre le dice que se vaya y dadas las horas y las ganas que tenemos todos de descansar el padre se vuelve a nuestro dormitorio. Es increíble, habrá quien piense que nos gana la batalla (lo cual es cierto en realidad), pero a lo que me refiero es que no me merece la pena una discusión en mitad de la noche por hacer lo que quiere David. Vuelvo a decirle que lo comprendo y que vamos a seguir intentándolo. Gracias a Dios y lo que sea que cambia el chip de su tozudez, baja de la litera, hace pipí y se vuelve a subir: 4:10 am. Se pone el dimpo y a descansar (¡quien no tenga que levantarse cuatro veces más a consolar a la hermana! A quien por cierto meto en mi cama a las 5:30 ya desesperada).David amanece a las 8:15 seco. No podemos rascar casilla.

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